Diseñar un futuro mejor

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“Diseñar un futuro mejor”

Mariano González Presencio. Profesor de Elementos de Composición en la ETSA Universidad de Navarra. Presidente de la Delegación Navarra del COAVN.

(Artículo publicado en Diario de Navarra y en Diario de Noticias el 3 de Octubre de 2016 con motivo del Día Mundial de la Arquitectura)

Como cada primer lunes de octubre, la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), que representa a 1.300.000 arquitectos de todo el mundo celebra el Día Mundial de la Arquitectura.  Este año el lema elegido ha sido “Diseñar un futuro mejor”. Para ello, la UIA, -tras afirmar que “frente al cada vez mayor número de desafíos mundiales, el papel de la arquitectura, del urbanismo y de la concepción arquitectónica es cada vez más decisivo en la construcción de un futuro mejor”-, invita a todas las organizaciones relacionadas con la arquitectura a que se movilicen con el propósito de promover el papel de los arquitectos y su contribución para aliviar el sufrimiento humano y hacer frente a los retos mundiales, así como para mejorar la calidad de vida. El objetivo, sigue diciendo la UIA,  es fomentar el gran potencial de la arquitectura y del ordenamiento urbano para afrontar el cambio climático y divulgar un mensaje sólido, pertinente y accesible.

Bien pudiera pensarse que con este mensaje lanzado a escala planetaria, los arquitectos pecamos de soberbia o –casi peor- de ingenuidad. Resulta obvio que los problemas de que adolece la humanidad alcanzan un grado de complejidad casi infinito y que, frente a ellos, la capacidad para remediarlos de los arquitectos, de cualquier arquitecto, se nos antoja muy escasa.

No obstante hay que tener presente que el mensaje va dirigido sobre todo a los propios arquitectos, a quienes no hace sino recordarles su compromiso de servicio para con la sociedad, tanto más importante cuanto más necesitada está. Además, su contribución puede ser escasa, pero no es en absoluto desdeñable en la medida en que muchos de los problemas que presenta hoy nuestro mundo tienen importantes connotaciones de carácter arquitectónico.

Para la XV Bienal de Arquitectura que se está celebrando en estos momentos en Venecia, su comisario, el reciente Premio Pritzker (2016), Alejandro Aravena, ha elegido como lema “Reporting from the Front” que se ha traducido como “Reportando desde el frente”, usando la acepción de ‘reportar’ como equivalente a transmitir, comunicar o dar noticia.  La propuesta suscitada por Aravena, bien secundada por la inmensa mayoría de los participantes, consiste en devolver a la arquitectura su valor real en el desarrollo del habitar humano junto a su compromiso político por el bienestar de las personas. Esta tesis, que suponía la arriesgada maniobra de cambiar el foco de la bienal desde la reflexión estética y autorreferente, propia de las muestras de arquitectura, y dirigirlo hacia el exterior, -desalojando las inquietudes de los arquitectos de su zona de confort-, no podía haber sido planteada de manera más oportuna, por el bien de la sociedad, pero también por el bien de los propios arquitectos.

Lo que pretende Aravena con su planteamiento no es tanto hallar herramientas globales de solución de los problemas como hacer un recuento de esos problemas y acumular experiencias desarrolladas por todo el mundo como respuestas a algunos de ellos. Él mismo, en el manifiesto de partida y en forma de diagrama, enumera los más significativos: Inequidad, Sustentabilidad (Sostenibilidad), Tráfico, Desechos, Crimen, Contaminación, Comunidades, Migración, Segregación, Desastres Naturales, Informalidad, Periferias, Vivienda y Calidad de Vida. Y lo hace desde el convencimiento que muchas veces ha exhibido sobre la importancia de plantear de manera pertinente las preguntas: “Es preferible una mala respuesta a una pregunta correcta que una buena solución a una pregunta mal formulada”.

Conviene aclarar que Aravena no defiende un ejercicio ‘humanitario’ de la arquitectura; su equipo Elemental no es en absoluto una ONG y su trabajo profesional no desdeña ningún tipo de encargo. El propio Aravena no es sino un sofisticado intelectual formado en las universidades norteamericanas que ha sabido moverse con maestría por los recovecos del mundo de los arquitectos ‘estrella’ (para algunos, el logro del Pritzker a tan temprana edad podía ser un buen ejemplo de ello). Lo que al arquitecto chileno le interesa es, por un lado, poner de manifiesto la potencia de una herramienta como el diseño, tanto para el análisis como para la búsqueda de soluciones, y, por otro, defender la relevancia y la pertinencia de la arquitectura como fenómeno político por encima de sus valores estéticos.

Decía antes que este mensaje era oportuno para los arquitectos, y ello es porque el horizonte de acción que presenta es infinito y su potencia puede sacudir las conciencias de unos profesionales maltratados por la crisis; inermes ante el desapego de una sociedad que les considera casi prescindibles y muchas veces replegados en la defensa de su propio espacio profesional. Los arquitectos deben de ser conscientes de sus auténticas capacidades y saber buscar los espacios donde desarrollarlas para ser útil a la sociedad a la que sirven y para la que, sin duda, son necesarios.

 

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